Las estadísticas realizadas por el MEN a 2002 mostraron que en el país había casi dos millones de niños entre cinco y seis años de edad, que la cobertura del grado cero era de 35% con 668.512 matriculados, y que había 401.202 niños cursando jardín y prejardín.
Más tarde, estadísticas de la Secretaría de Educación de Bogotá en 2004 indicaron que 54% de la educación de grado cero para niños entre cinco y seis años era impartida por instituciones privadas, con 67.479 matriculados ante 51.243 de instituciones oficiales, y que la población de esa edad ascendía a 278.249 niños, con lo cual la cobertura sería de 45,2%. Por su parte, la Unicef dice que la educación preescolar es casi total en las familias con ingresos más altos (30% de las familias del país), de menos de 25% en las familias más pobres (otro 30%) y que casi toda la oferta de cupos se presenta en el sector urbano.
Independiente de qué tipo de institución educativa impartió el preescolar existen problemas en todo el país con su articulación a la primaria, reflejados en las cifras de deserción en los primeros años de primaria y de repitencia del grado primero.
Las instituciones educativas y las autoridades están de acuerdo en que una adecuada calidad y articulación disminuirá las tasas de fracaso escolar y preservará el deseo de estudiar en los niños. No en vano seguiría vigente la cifra que en la década pasada dio el Fondo de Defensa de los Niños de América: por cada dólar invertido en educación preescolar de calidad, los gobiernos se evitan 475 dólares en costos de educación especial, delincuencia y otros.
Ya que la articulación no está suficientemente reglamentada, las instituciones educativas de preescolar hacen lo que mejor pueden. Por ejemplo, los jardines del ICBF y de otras instituciones oficiales buscan cupos para sus alumnos en escuelas públicas y éstas, a su vez, les dan prelación a niños que provengan de aquellas. Los estudiantes de preescolares privados no corren con la misma suerte, y en el mejor de los casos recurren a colegios aliados de sus jardines.
Según Víctor Vergara, Director Ejecutivo de la Asociación Nacional de Preescolar ANDEP, "el niño está sujeto al azar de encontrar un ambiente acogedor que le permita en primer grado la transición de preescolar a primaria. Eso desubica al niño y genera un conato de deserción así como rechazo a la vida escolar. Es un año brusco, amargo e inconsecuente con lo que ha vivido". Los jardines infantiles entonces recurren a realizar convenios con colegios pero estos no alcanzan a cubrir un PEI conjunto, sino que hacen referencias a algunos principios básicos como filosofía de la educación y ciertas competencias que los colegios piden a los niños al ingresar a primaria. De ahí que los verdaderos afortunados son aquellos niños que hacen su preescolar en un colegio que tiene primaria y bachillerato, puesto que comienzan su educación con un PEI que se mantiene.
Las organizaciones que agremian a las instituciones de educación para primera infancia trabajan intensamente para que el ingreso de los niños a primaria sea lo menos traumático posible, dándoles una educación preescolar de calidad: "buscamos el crecimiento personal y profesional del educador infantil para que transmita a sus alumnos un ideario renovado. Esto parte de darle el posicionamiento social que su labor requiere en la realidad, porque no es un cuidador de niños ni desempeña una labor asistencial sino educativa", sostiene Vergara.
Los agentes de la educación preescolar privada, por iniciativa propia, han tratado de regular la actividad con la información fragmentada que se tiene. ANDEP, por ejemplo, imparte talleres para docentes en los que se hace énfasis en el desarrollo de trece lineamientos para preescolar, entre los que se cuentan curriculares, competencias básicas, indicadores de logros, entre otros, debidamente articulados. De igual manera, se realizan seminarios sobre articulación y otro tipo de actividades de formación profesional.
Para Vergara, la articulación requiere de dos elementos: "acompañamiento del docente en los tres primeros años, que serían dos de preescolar y primero de primaria; y un ambiente lúdico en el primer grado para que el niño no se encuentre de repente con un estricto ambiente académico". Para ello sería necesario "una adecuada capacitación del educador infantil, que sea pedagógica, sensible y humana; coherencia y consistencia en las políticas de infancia de las autoridades y que éstas se ejecuten de una manera fluida para que el educador pueda interpretar y transmitir".
Las reflexiones de educadores privados y especialistas explican por qué en el Panel de Políticas Educativas para Preescolar se presentaron dos propuestas para la articulación. Una es hacer de primero de primaria un año avanzado del preescolar en su didáctica, para que los niños disfruten y jueguen. La otra propuesta está relacionada con las prácticas de preescolar, las cuales no sólo deberían estar ancladas en el fortalecimiento de las competencias motrices sino también en las competencias cognitivas y socio afectivas, entre otras; además, no existirían planas ni dictados, ni en primaria ni en preescolar, los temas o proyectos partirían del contexto real de los niños y la lectura y la escritura no serían el fin único del preescolar.
